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    Perspectiva  Evangélica sobre la Ética respecto al  VIH/ SIDA

 Dr. Enrique Martínez Reina

Hospital Evangélico de Siguatepeque

 *Presentada inicialmente durante el I Taller Nacional sobre SIDA para el sector religioso hondureño, organizado por el Ministerio de Salud Pública y la Organización Panamericana de la Salud, en San Pedro Sula, Honduras, Octubre de 1994.

                                                                                                 

Las iglesias cristianas gradualmente van tomando conciencia de la necesidad de involucrarse decididamente en áreas como la educación, prevención y acompañamiento. Pero a la vez el VIH/SIDA plantea interrogantes éticas que, de no tener una aproximación  adecuada, pueden llevar a la inacción.

El Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), plantea actualmente uno de los mayores desafíos para la salud en todo el mundo. El problema va más allá de lo biológico y afecta otras dimensiones tales como las áreas de lo social, económico y moral entre otras. 

Dada la naturaleza global de esta epidemia los distintos organismos encargados de enfrentarla, y aún la comunidad en general, para poder alcanzar metas satisfactoria, se hace necesario un involucramiento de todos los sectores de la población.

Por esa razón hacemos un intento de bosquejar algunos principios que puedan servir como una guía en ese sentido.

Naturaleza de la Enfermedad

 Un aspecto fundamental es el hecho de identificar el problema y sus causas. En ese campo algunos cristianos bien intencionados consideran que el VIH/SIDA es una plaga enviada por Dios para castigar alas personas que tienen prácticas sexuales pecaminosas. Sin embargo, esa aseveración no corresponde plenamente al concepto bíblico de la enfermedad.

De acuerdo a la enseñanza de la Biblia, Dios creó al hombre para que vivieran en armonía con su creador, su prójimo y la naturaleza (Génesis l). Ese orden fue alterado por la desobediencia (pecado) del hombre (Génesis 3).Como consecuencia de lo anterior se produjo el dolor y la muerte con todos los factores que los favorecen: enfermedad, pobreza, injusticia, destrucción del medio ambiente, guerra, etc.

En un pasaje bíblico (Juan 9:1-3) se hace referencia a un ciego de nacimiento que fue encontrado por Jesús y sus discípulos le preguntaron: ¿Quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? La respuesta de Jesús fue: No es que pecó ni sus padres, si no para que las obras de Dios se manifiesten en él. La aplicación de esta enseñanza en el caso del VIH/SIDA sería que, no obstante que muchos han sido infectados debido a prácticas que son moralmente cuestionables (promiscuidad sexual y drogadicción, por ejemplo), existe un segmento significativo de personas que adquirieron la enfermedad de manera fortuita tales como la transmisión fetal y las transfusiones.

De ahí toda enfermedad, como toda injusticia, tiene su origen en el pecado original, pero cada patología tiene sus propios agentes casuales (biológicos, sociales, ecológicos entre otros). Si bien es cierto que la mayoría de las enfermedades son consecuencia de transgresiones de diversa índole, incluyendo las morales, no conviene hacer generalizaciones que impliquen un juicio debido a que ello conduce a un reduccionismo ético que ignora la diversidad  de factores involucrados.

El Dr. Apolos Landa dice lo siguiente: “sabemos con seguridad  que no debe haber ningún pastor, anciano o diácono que no esté preocupado por el VIH/SIDA. Como es seguro que ellos tendrán una pobrísima información al respecto, eventos  tales como foros, conferencias y seminarios son urgentes; acciones que deben llevarse a cabo a fin de posibilitarles una información adecuada. Está claro, entonces que la iglesia tiene el reto de llegar a los más pobres y marginados antes de que sea demasiado, tarde…”.1 

Compromiso por Preservar la Vida 

A pesar de la distorsión que produjo el pecado, Dios ha mantenido la vida y ha provisto los recursos para preservarla y enriquecerla. En el libro del Deuteronomio encontramos evidencia  de la protección  de la vida y la promoción de la salud no solo en las expresiones religiosas si no también en aspectos éticos, nutricionales, sexuales, sanitarios, etc.

 

El concepto bíblico de salud (Shalom) incluye el bienestar  personal y comunitario en términos de plenitud física, mental social y espiritual. Además es interesante resaltar, que “salud” y “salvación” tiene su origen en el mismo término bíblico, lo que muestra una integración entre lo “temporal” y lo “eterno”.

 

 

La defensa de la vida es un imperativo para todo cristiano, reconociendo que toda persona, sea creyente o no, es creación de Dios. Lo  anterior nos lleva a discernir acerca de cual es el compromiso primario en situaciones que plantean dilemas éticos.

Por ejemplo, en el caso de personas que obviamente no aceptan las normas de una ética cristiana, y practican la drogadicción o promiscuidad sexual, la aproximación sería con el propósito de preservarles la vida intentando reducir el riesgo a través de recursos tales como las jeringas estériles y los condones. Ello no  significa  una aprobación de su conducta sino la protección de un regalo valioso de Dios: la vida. También muestra una aproximación desde la perspectiva de la ética del amor siguiendo el modelo de Jesús. Si pudiéramos expresarlo quizás articularíamos algo como: “aunque no comparto tu conducta me interesas como persona y quiero proteger tu vida y salud”.

 Compromiso con la Transformación de la Vida

 En palabras del teólogo evangélico René Padilla: “EL SIDA subraya la urgente necesidad de infundir la enseñanza de una ética que enfoque temas relativos al matrimonio y el acto sexual desde una perspectiva bíblica. Nunca estuvo bien que nuestros líderes eclesiásticos hicieran de la moral un moralismo y nos enseñaran como si fuésemos seres angelicales sin instintos ni necesidades sexuales. Hoy mucho menos. Pero no nos engañemos: la  prevención de SIDA no depende de campañas en pro de un uso masivo de condones y jeringas descartables. Depende más bien, de un cambio radical de actitud hacia cuestiones de conducta ética, incluyendo las relaciones sexuales: de una clara afirmación en palabra y hechos de la fidelidad conyugal como el único contexto apropiado para los deleite del amor erótico. Y aclaremos: de la fidelidad conyugal de la pareja, y no solo de la mujer, ya que en América Latina –según ciertos informes –muchas mujeres contraen la enfermedad por intermedio de sus propios esposos que practican la promiscuidad”.2

 

Sin duda el compromiso cristiano no se agota en la mera preservación de la vida biológica sino que apunta a transformaciones de la vida y que adquiere carácter trascendente.

 

 

En los inicios del cristianismo se produjo un hecho portentoso, cuando los apóstoles Pedro y Juan facilitaron la curación de un cojo de nacimiento. Ante el asombro que despertó en la gente, Pedro pronunció un discurso que en su parte medular expresaba: “lo que ha hecho cobrar fuerzas a este hombre que ustedes ven y conocen, Es la fe en el nombre de Jesús. Esa fe en Jesús es la que le ha hecho sanar completamente, como todos ustedes pueden ver…” (Hechos 3:16)

"Creemos firmemente que ese discurso sigue teniendo vigencia para la promoción

 de la salud integral" 

1 El SIDA: una Amenaza, una Agonía, una Responsabilidad Compartida”. Lima: Ediciones Puma, Asociación San Lucas, 1993,p33.

2 La Iglesia Frente al SIDA. Revista Iglesia y Misión, 1993;12(4):1993.

 

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